sábado, 2 de octubre de 2021

PIES QUE RESBALAN EN EL SUELO LEVANTAN POLVO

 



Quién lo sabe a primeras líneas de solo sospechas, cuando solo son bocetos de pensamientos de caminata.
Y que de ahí solo sale el toque de autos locos en el cerebro, que lleva a las neuronas a ebullición de ideas.

Inconexas.
Sin sentido.
En espacios vacíos pero entrópicos.
Quizás expuesto a las impresiones de otros, me levanté con el exquisito discurso de quien tuvo los mil obstáculos clásicos y a pesar de ellos, se hizo fuerte y buena persona, mientras que ayer me informaron del que sufrió los mismos impedimentos y acabo cometiendo tropelías infames.
Yo solo sé que no tuve lo que tuvieron, que no me pasaron todas las cosas juntas a la vez, no una, todas.
Sé que cometí errores y tampoco puedo afirmar que haya pagado plenamente por ellos; entiendo que cometieron errores conmigo, los doy por plenamente saldados.
Del hilo sigo tirando, hebras surgen.
Como siempre en la falsa improvisación conviven alma y expresión. De memoria se escribe, siempre son lo que sabes, nunca es desconocido aun siendo inventado.
Recuerdo tiempos pasados, pues recordar los futuros se me hace imposible.
Re cuerdo.
No elijo uno en especial, todos son los que forman y no me conformo con uno o dos solo.
Calla, aparta, deja sitio.

Espacio contenido el aliento, lectura desigual que escritura. Respiración a ritmo inconsciente y ganas de poner por delante.

Una espiral en el suelo señalaba su camino desde la infancia, viviendo de fuera para dentro. Se construyó un trono en el centro desde divisaba nada, pues todo estaba lejos de sí mismo. Desde allí ordenaba a sus súbditos, a su séquito, a sus vasallos, que en el fondo era él solo. Decidió castigarse por estar donde estaba y se impuso condena a hundirse aún más.
Y nunca salió.

Sopla un viento
que en un primer tiento
congrega a cientos alrededor.
Movimiento de aturdimiento,
sentimiento compartido.
Da la paz al sentido,
contenido,
consentido.


De vuelta a la escritura inconexa de quien no debe nada a sus pensamientos, solo los deja que fluyan libres. Eso que me gusta, es en lo que me auto-destaco, ser un aprendiz de muchas cosas. No quise ser maestro de algo, ni dominar ni dominado, rebelde conservador.
Me define la vida, no los errores, muchos, ni los aciertos, variados.
Solo el inevitable pasado,
creo que pedí perdón y si no, ahora lo hago,
creo que di las gracias y si no, ahora lo hago.

Se sentó frente a su portátil, dando la espalda a la realidad, deseaba la evasión. Y sus dedos se movieron inicialmente dubitativos sobre las teclas amigas entonces, viejas conocidas ahora.
No sabía muy bien que quería redactar pero quería gritar.
Esto es lo suyo.
Una mano se apoyó sobre su hombro:
- ¿Qué haces? - apenas un susurro lejano. 
Distraído, levantó las manos un centímetro del teclado y paró. Siguió mirando la pantalla encendida hasta que la sensación de presión en la piel desapareció. Y solo quiso continuar.
No podía ser nadie, estaba solo, pero sabía quién era.
Leyó en voz alta lo que llevaba hasta el momento:
- El temor a sentirse solo 
  la prueba consciente
  consiente al presente
  solo la sensación del temor.
  Acaba aquel que empieza,
  somos piezas de una gran maquinaria,
  yo me muevo,
  tú te mueves,
  tú me mueves,
  yo te muevo.
  …
Miró a la ventana, vio como el repiqueteo que escuchaba eran las primeras gotas del otoño golpeando sobre el cristal. Se levantó, bajo la persiana y volvió a sentarse.
Cogió el ratón con firmeza y marcó todo el texto escrito. Presionó la tecla suprimir y el mar gris azulado de letras desapareció ante sus ojos.
Quizás volver no era lo correcto, puede que nadie quiera verle continuar. Pero puede que él no sepa evitarlo.

1 comentario: