miércoles, 25 de mayo de 2016

PARPADEO



Con el amargo sabor a hierba en los labios y las briznas en las grises barbas, los primeros rayos de sol golpean sobre sus parpados como puños contra esclusas. No quieren volver a ver, se resisten, tras esas murallas está el vacío del mundo…
Pero ceden.
Garganta reseca de licores baratos, carraspera, lapo junto al banco que, quién sabe, quizá vuelva a ser el techo que le proteja de las brillantes estrellas la próxima noche.
Con todo el tiempo del mundo por delante y toda la desgana para gastarlo, dobla raída manta y la guarda en su raída bolsa que cuelga sobre su hombro izquierdo. En la mano derecha, una terciada botella de vaya usted a saber que licor, que es recibido como desayuno y colutorio.
Andar a ningún lugar, girar donde el muro da la vuelta y seguir, vagar, hasta donde vuelva a encontrar un quiebro.
En medio del camino, un bote de pintura negra y un brochín. Mira a un lado, la carretera; mira al otro, dos obreros de espaldas atacan su almuerzo tras la valla. Los recoge y sigue su paso, con la ligereza del que sabe que, pase lo que pase, no será para ir a peor.
Nada pasa.
La luz sube a su cenit, se detiene en una esquina cualquiera, tan reconocible como cualquier otra, y extiende su brazo, con la certeza de recibir sus justas monedas, las de las penitencias de los demás. Voz quejosa ensayada en dolor verdadero.
Con la misión cumplida, entra al súper y gasta lo ganado en un litro de cerveza, hoy no da para más, y una botella de aguarrás. Por fin se esboza la primera sonrisa del día, quizás del mes.
Las sombras ya dominan cuando descubre un muro blanco. Da un último trago al litro y lo arroja contra él. Mientras las gotas resbalan hacia el suelo, las voces recriminatorias de los vecinos se van apagando.
Solo hay que esperar y de eso sabe muy bien, años practicando.
Ya hay oscuridad plena y el trozo manchado por cerveza apenas recibe destellos de la farola cercana.
Saca la pintura y vierte aguarrás en ella, remueve y moja el pincel, la mano temblorosa de mil batallas perdidas contra la vida comienza a trazar letras sobre la pared:

Antes de que la lluvia fuese vapor
Mientras el verso poeta empezaba
Aún recuerdo donde estaba
Nunca debí salir de tu calor
Espacio libre que debilita
Cuestión de tiempo
El que ya no me queda
Recen por mí

Ya no habrá otro. Bote vacío y labios negros, sentado junto a los rayos de una farola cercana, ruido de sirenas que no escucha, personas que no siente, personas que certifican que, por fin, los parpados han ganado su batalla contra la luz.

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